Escuela de Familias: Mordiscos y rabietas

Escuela de Familias: Mordiscos y rabietas

Sabemos que como padres una de las cosas que más preocupa es que vuestros hijos puedan empezar a utilizar las rabietas o los mordiscos como conducta de una forma reiterada. Lo primero, es tener claro ciertos aspectos de este tipo de conductas que en la mayoría de ocasiones, se trata de medios de expresión y comunicación ante la limitación que tienen los niños para hacerse entender.

Los niños y niñas de 1 a 2 años (edad en la que aparece esta conducta) se están iniciando en la exploración del mundo que les rodea. Están comenzando a interaccionar con otras personas, objetos y sobretodo empiezan a interiorizar normas. Se encuentran en un continuo conflicto personal de desarrollo en el que experimentan situaciones en las que ellos demandan normas a la vez que no las interiorizan, es un conflicto interno y su modo de respuesta ante esa situación conflictiva puede ser la rabieta, los mordiscos, el tirón de pelos,…

En principio el mordisco no anuncia ningún tipo de comportamiento violento. Suele ser bastante frecuente entre edades comprendidas entre los 14 meses y tres años.

Esta conducta suele darse en situaciones en las que el niño está estresado y necesita llamar la atención, así como para defenderse, como muestra de una baja resistencia a la frustración, aburrimiento o simplemente la necesidad de morder para explorar a través de su boca…

¿Se puede variar su conducta?

Como educadoras de la escuela infantil llegamos a la conclusión de que el niño que muerde, lo hace por diferentes circunstancias, por ello, debemos conocer qué motivo le lleva a generar esa conducta para intervenir de forma adecuada en cada momento, atendiendo a sus necesidades.

Aun así es complicado muchas veces evitar que se produzca el mordisco.

¿Por qué se comportan así a esta edad?

A esta edad los niños, no admiten la frustración ya que no admiten un “NO” por respuesta. Es el momento de establecer normas y límites claros y contundentes trabajando este aspecto en casa y en la escuela.

En el caso de muchos niños que muerden, hemos comprobado que suelen ser niños sobreprotegidos que tienen carencias de límites y normas, y que ante un “no” del educador, de sus padres o de otros niños expresan su frustración a través de mordiscos.

Por otro lado, el lenguaje no está adquirido y no pueden utilizarlo como defensa.

Se recomienda dar al niño mordedor, un lenguaje apropiado y efectivo para expresar sus sentimientos y proporcionarle estrategias para expresar lo que quiere.

Nuestra forma de actuar una vez producido el mordisco es muy importante. Hay que consolar en primer lugar a la víctima y tratar con desaprobación el acto, aunque sepamos que la intención del niño que ha mordido no era hacer daño, pero es importante no demostrar esa atención que el niño pedía, ni siquiera con una regañina y sobre todo no hay que permitir “devolverle el mordisco al niño”, para que así se entere de lo que duele: la violencia no es un lenguaje, ni siquiera como demostración.

Como hemos dicho anteriormente, a esta edad todavía no saben gestionar sus emociones y muchas veces, es por alegría, emoción o cariño cuando se produce el mordisco.

La dentición es otro de los motivos más frecuentes que les lleva a morder con desesperación todo lo que tiene cerca. En este caso se recomienda dar un mordedor o un chupete para que le calme.

Otro de los motivos que hemos detectado es la importancia de tener un ambiente familiar adecuado en el que el niño se sienta seguro, con afecto y protegido. Los niños que tienen esta carencia de afecto y seguridad en su familia, suelen ser niños con conducta más violenta demandando esa falta de afecto. Debemos hacerles ver que no está bien responder de forma agresiva, hablándoles con afecto y calma.

¿Cómo corregir su comportamiento?

Se entiende que estas conductas agresivas están dentro de lo normal a esta edad, pero es necesario encauzarlas hacia otras formas de relación más adecuadas.

  • No hay que devolver el mordisco “para que veas cómo duele” ni pegarle. Hay que responder de manera educativa y ante todo con un uso del lenguaje lo más apropiado posible.
  • Si el niño está muy alterado, darle unos minutos de descanso entre juego y juego. De una manera muy sutil y sin romper el ambiente de recreo.
  • No usar dramatismos, ni exageraciones, que puedan asustar o ridiculizar al niño delante de otros niños.
  • Observar el comportamiento del niño y los estados que le inciden en morder ¿está cansado o aburrido? ¿se siente feliz? ¿le han cogido su juguete?
  • En base a esta observación, intentar anticiparnos antes de que ocurra, ofreciéndole otra alternativa

¿Cómo deben actuar sus educadores en la escuela infantil?

Hablar con las familias

Debemos comunicar a las familias la conducta de su hijo/a ante una situación de conflicto en el aula, utilizando el mordisco como medio de defensa o como forma de llamar la atención al adulto.

Debemos hacerles ver que, aunque es común en estas edades, debemos intervenir de forma conjunta tanto en casa como en la escuela y para ello, es importante su colaboración y su ayuda.

Nos deben informar de la situación en casa y la rutina del niño intentando aconsejar sobre la importancia de un buen ambiente familiar en el que el niño se sienta protegido y seguro dentro de un clima de cariño y afecto.

A veces, nos encontramos con familias que no admiten que sus hijos sean niños conflictivos. En este caso, debemos tratar el tema de forma tranquila, sin dramatismos y hacerles ver que nuestra implicación es fundamental para el buen funcionamiento del aula y el bienestar de todos los niños cuyo objetivo es que sean felices.

Como padres, resulta necesario aceptar positivamente que todo lo que nos digan de nuestros hijos desde la escuela, es con el fin de conseguir su bienestar. Por ello, el trabajo en común junto con sus educadores ante posibles conflictos o la aparición de conductas de este tipo, logrará que se resuelvan de una manera más rápida, efectiva y menos traumática.

Observar al niño

  • Debemos no perder de vista al niño que sabemos que tiene tendencia a morder.
  • Observar su comportamiento ante situaciones de conflicto para evitar el mordisco.
  • Evitar el aburrimiento. Mantener dinámicas con los niños, juegos, cambiar los juguetes que utiliza…
  • No debemos sacarle del grupo. Esto le puede causar más estrés por no estar con el grupo de referencia y aumentar su agresividad.
  • Atender a sus necesidades. A veces muerden por carencias afectivas y es bueno tratar al niño con cariño y afecto hablándole despacio y en un tono tranquilizador.

Revisar la organización de las rutinas

El cambio de rutinas, la exigencia de un horario implica que, muchas veces, se cree un clima inseguro donde el niño se altera y le lleva a una situación de estrés que puede provocar que quiera morder.

Podemos flexibilizar las rutinas, volviendo a la calma y a mantener un clima positivo y seguro. Resulta muy positivo recapacitar sobre qué podemos mejorar a la hora de cómo nos comportamos y cómo nos dirigimos a los niños.

Cuando una conducta de este tipo se produce de forma reiterada, lo mejor es ponerse en contacto con la escuela, en el caso de que se produzca en mayor medida en el ámbito familiar, y de la misma manera si es en la escuela donde el niño o la niña da muestras de este comportamiento, para que de forma conjunta se lleven a cabo las pautas necesarias.